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Carlos Real de Azúa, pionero de la Ciencia Política en Uruguay (1916-1977)

 

Evocación a 25 años de su desaparición física

 

Para algunos fue «precursor», para otros «pionero», para otros «fundador». Más allá de debates, para todos nosotros, los cientistas políticos uruguayos, Carlos Real de Azúa ha sido y sigue siendo una referencia fundamental. Por la agudeza de sus hipótesis, por su asombrosa erudición, por su ejemplar libertad intelectual, por la amplitud de su cultura, por su infrecuente capacidad de aprender y de explorar nuevos horizontes tanto teóricos como metodológicos.

Carlos Real de Azúa

 
Por eso mismo, el aniversario de su muerte ocurrida tan prematuramente el 16 de julio de 1977, nunca nos resulta indiferente. Por eso, hace cinco años, el 10 de octubre de 2002, en el Edificio Anexo del Palacio Legislativo, se realizó la Mesa Redonda «Carlos Real de Azúa, pionero de la Ciencia Política en Uruguay (1916-1977). Evocación a 25 años de su desaparición física». Por eso mismo, ahora han pasado cinco años más, queremos alojar en nuestro sitio web la versión taquigráfica de las exposiciones realizadas en aquella oportunidad.

 

La Mesa Redonda fue organizada por Gerardo Caetano y Adolfo Garcé, que se desempeñaban, en ese momento, respectivamente, como Director y Coordinador de Investigación del ICP. Esta actividad contó con el auspicio de la Presidencia de la Cámara de Representantes, que durante ese año fue ejercida por el diputado Guillermo Álvarez.

Además del Presidente de la Cámara de Representantes, aportaron su testimonio sobre la figura y el legado de Carlos Real de Azúa los siguientes panelistas (orden alfabético): César Aguiar, José Miguel Busquets, Gerardo Caetano, Ángel Cocchi, Gustavo De Armas, Carlos Filgueira, Javier Gallardo, Adolfo Garcé, Luis Eduardo González, Jorge Lanzaro, Romeo Pérez Antón, Fernando Pita, Jaime Yaffé y Cristina Zurbriggen.

Los textos no han sido corregidos por los autores.

 

:: Descargue la versión taquigráfica de las exposiciones en formato PDF

 

Carlos Real de Azúa

Por LUIS EDUARDO GONZÁLEZ

Aparecido en el Suplemento Historia Reciente del diario El País, Fascículo 21 «Intelectuales y política», Montevideo, setiembre de 2007, p. 10.

 

Nació en Montevideo en 1916, y murió en la misma ciudad en 1977. Esos 61 años fueron suficientes para hacerlo un multioficios renacentista. Fue abogado, y ejerció la profesión; enseñó literatura durante tres décadas en Enseñanza Secundaria (1937-1966); enseñó estética literaria durante veinticuatro años (1952-1976) en el Instituto de Profesores Artigas (donde también enseñó literatura iberoamericana y rioplatense, 1954-1967); en la última etapa de su vida enseñó ciencia política en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República (1967-1974). Escribió sobre todos los temas que enseñó. Una bibliografía de su obra publicada en 1987 registra sesenta y cuatro títulos entre libros, fascículos y folletos (veintinueve de ellos, el grupo temático más numeroso, sobre asuntos literarios). También hay ciento veintitrés artículos en publicaciones periódicas, la gran mayoría de ellos (setenta y dos en total) en el semanario Marcha.

Real de Azúa debe figurar en cualquier análisis de la historia intelectual uruguaya de la segunda mitad del siglo XX (y de sus ciencias sociales en particular) porque, entre otras razones, fue fundador de la ciencia política uruguaya tal como hoy se la entiende y practica. Esta visión es compartida por casi todos los que abordaron el tema. Solo se discuten cuestiones relativamente secundarias. Por ejemplo: para algunos, más que fundador en sentido estricto habría sido un precursor, el que precede a los fundadores. En cualquiera de los dos casos fue el fundador o precursor, porque ninguno de sus contemporáneos puede ser visto como su par en esa empresa. En la historia de nuestra ciencia política Real de Azúa ocupa un sitio intelectual solitario (a diferencia de lo que ocurre en nuestra sociología, por ejemplo, que es más antigua y colectiva). Naturalmente, treinta años después de su muerte es fácil advertir que su obra no es perfecta, y que hasta el gran solitario cometió algunos de los pecados intelectuales propios de su generación. Lo que importa, sin embargo, es el balance final.

Sus aportes a la ciencia política, a la que dedicó una parte claramente minoritaria de su vida (en tiempo, en obra escrita), bastan y sobran para asegurarle su lugar en el panteón de los intelectuales uruguayos. Aun siendo más que suficientes, sin embargo, esos aportes son solo una de las razones que explican su lugar en ese panteón. Muchos intelectuales de hoy sostienen que la crítica literaria de Real de Azúa está a la altura de la de los más destacados de sus contemporáneos (como Ángel Rama o Emir Rodríguez Monegal). En términos aun más generales, una investigación realizada en el año 2001 entre un centenar de personalidades uruguayas encontró que Real de Azúa fue para ellos uno de los intelectuales, ensayistas o filósofos más influyentes de todo el siglo XX. Según estas personalidades solo cuatro uruguayos fueron aun más influyentes que Real de Azúa en esos planos: Carlos Vaz Ferreira, Carlos Quijano, José Enrique Rodó y Juan E. Pivel Devoto, en ese orden.

Observando el conjunto de su obra, la mayoría de sus lectores académicos contemporáneos probablemente estaría de acuerdo sobre cuáles fueron sus principales aportes al análisis político. Lo medular de su contribución comenzó, tal vez paradójicamente, con El patriciado uruguayo, publicado por primera vez en 1961. “Paradójicamente” porque el texto no es una monografía politológica en sentido estricto. Es un ensayo histórico sobre la primera clase dirigente del país, que también es un estudio de las elites políticas “fundacionales”. En El patriciado uruguayo ya están presentes muchos temas sobre los que volvió en su obra posterior, incluyendo las raíces del “freno” al reformismo batllista de principios del siglo, estudiado en El impulso y su freno (1964). También apareció allí la preocupación comparativa (especialmente en relación a Argentina) capaz de identificar, por contraste, las especificidades uruguayas que lo ocuparon en Política, poder y partidos en el Uruguay de hoy (1971) o en Uruguay: ¿una sociedad amortiguadora? (póstumo, 1985). Esta preocupación comparativa llegó a su punto culminante en un texto de 1975: “El clivaje mundial eurocentro–periferia y las áreas exceptuadas (para una comparación con el caso latinoamericano)”. La meta es aquí extremadamente ambiciosa: por qué razón o razones, luego de cinco siglos acumulados de primacía europea (la construcción del “eurocentro”), en el tercer cuarto del siglo XX solo EEUU, Japón y los antiguos dominios británicos habían logrado escapar al destino periférico del resto del mundo. Este ensayo tampoco es politológico en sentido estricto; es más bien, como él mismo lo dijo, sociología histórica comparada. Pero el grupo central y más numeroso de factores incluidos en el análisis es el de los factores políticos, analizados tan rigurosamente como lo permitían las técnicas de su tiempo.

Lo político, entonces, rara vez es el contenido exclusivo o la meta última del análisis de Real de Azúa. Tal vez por eso, para algunos comentaristas es más un precursor que un fundador. Las preocupaciones de Real de Azúa no estaban segmentadas por divisiones disciplinarias que entonces no existían (ni siquiera la ciencia política existía entre nosotros). Sus preocupaciones apuntaban a lo que él percibía, correctamente, como los problemas centrales de los latinoamericanos (y de los uruguayos en particular) en su tiempo. Esos problemas siguen siendo los mismos de hoy, y ese acento es tal vez el que otorga una notable contemporaneidad a su trabajo. Todavía hoy, a treinta años de su muerte, es dudoso que otros hayan publicado una obra comparable en rigor y ambición a la ciencia política que Real de Azúa practicó y escribió. Pero si aceptamos que entre nosotros ya hay politólogos y obra publicada, entonces la conclusión es apenas un silogismo. No puede ser un “precursor”, porque hasta hoy ninguno de los que vino después pudo avanzar más y mejor que él. Fue el fundador.

La Ciencia Política en Uruguay: un desarrollo tardío, intenso y asimétrico

 

Por ADOLFO GARCÉ

Artículo publicado en la REVISTA DE CIENCIA POLÍTICA
Pontificia Universidad Católica de Chile
Año 2005, volumen 25, número 1, pp. 232-244


ISSN 0718-090X

Resumen

Las ciencias sociales en Uruguay han tenido un desarrollo tardío en comparación con las de otros países de la región. La ciencia política uruguaya se institucionalizó recién a fines de la década del 80 cuando, en el marco de la Universidad de la República, se formó un instituto de investigación especializado en esta temática y se comenzaron a dictar los primeros cursos de grado. Durante la década del 90 la ciencia política experimentó un despegue intenso tanto en el número de estudiantes matriculados como en actividades de investigación. Asimismo, rápidamente, los politólogos han conquistado un espacio importante en el análisis político y el debate público. Sin embargo, en este momento, la politología en Uruguay está enfrentada al desafío de corregir algunas asimetrías importantes.

Veinte años de la creación de la Licenciatura de Ciencia Política (1989-2009)

 

Por JUAN JOSÉ ALTAMIRANDA
Montevideo, diciembre 2009

Es para mi un orgullo haber pertenecido a la primera generación de estudiantes de la Licenciatura de Ciencia Política, ver su nacimiento, participar de sus primeros pasos y llegar a apreciar su mayoría de edad e interacción y compromiso como disciplina académica formal y de singular relevancia dentro del sistema de profesiones de nuestro país.

Es en virtud de ello que rescato de la memoria aquel emprendimiento de cursos que comenzaron a dictarse en el añejo salón 40 de la Facultad de Derecho, y que en ocasiones se debía peregrinar a otros pequeños ubicados en dicha institución educativa como posteriormente en otras cercanas a esa facultad. Aquellos escasos recursos hacían inimaginable que la estructura educativa de la carrera llegara algún día a radicarse en un moderno edificio como el actual de la Facultad de Ciencias Sociales, para desarrollar en forma potente y profesional la docencia y la investigación.